Guía
Regalo de bodas de plata: 10 ideas para los hijos y para la pareja
Veinticinco años de casados es un aniversario particular: la pareja sigue trabajando, los hijos aún viven en casa o acaban de irse, y el presupuesto es el que es. Esta guía separa lo que sirve de lo que se olvida en un mes, tanto si el regalo sale de los hijos como si es de uno de los dos para el otro.
Por Mónica Ramos y Leandro Gonçalves · Actualizado en septiembre de 2026
El mejor regalo de bodas de plata es el que reconoce los veinticinco años, no el que cumple con la fecha. Con ese criterio, cuatro ideas funcionan casi siempre: la cena en el sitio de la primera cita, la foto de la boda repetida un cuarto de siglo después, un fin de semana solos con la casa a cargo de los hijos y, la que más dura, la historia de esos veinticinco años escrita en un libro. Esto último es lo que hacemos en El Taller de Libros: hijos, amigos de la boda y familia graban dos minutos cada uno con lo que recuerdan y nosotros lo convertimos en un libro de tapa dura, por 149 €, listo en tres semanas y con el borrador aprobado antes de imprimir. Abajo van las diez ideas, con lo que cuestan, el trabajo que dan y si seguirán importando dentro de diez años, las regalen los hijos o uno de los dos.
1 · La cena en el sitio de la primera cita
No la cena de cualquier aniversario: la de volver al bar, al restaurante o al banco del parque donde empezó todo. Si el sitio sigue abierto, reservad y avisad de qué se celebra; si ha cerrado, la cena en la calle más cercana y la foto delante del cartel nuevo cumplen igual. La parte que no cuesta nada (localizar el sitio, reservar) la pueden poner los hijos.
2 · La foto de la boda, repetida veinticinco años después
Se elige la foto de la boda que más les gusta y se repite: mismo sitio, misma postura, las mismas caras con un cuarto de siglo encima. Se enmarcan las dos juntas. Para los hijos es ideal: cuesta lo que un marco y una tarde, con el móvil o con un fotógrafo del barrio. Hay que convencer a la pareja de posar, así que la sorpresa se pierde a medias; a cambio, es de las pocas ideas de esta lista que se cuelgan en la pared y siguen ahí a los cincuenta.
3 · Su historia de veinticinco años, contada por quienes la han visto
La historia de sus veinticinco años contada por hijos, amigos de la boda y familia: cada uno graba dos minutos desde el móvil, sin escribir nada, con lo que recuerda (cómo se conocieron según cada versión, lo que salió mal en la boda, la primera mudanza, el año en que hubo que apretarse). Nosotros lo escuchamos todo y lo convertimos en un libro de tapa dura de hasta trescientas páginas, con el borrador revisado antes de imprimir y correcciones sin límite. Lo encargan los hijos como sorpresa, o uno de los dos para el otro, y con una sola voz ya sale libro. Es la idea que más margen pide: tres semanas desde que se cierran los audios. Así se encarga el libro de la pareja. Y si lo que celebran son cincuenta, hay una guía aparte para las bodas de oro.
4 · La carta de los veinticinco años
De uno de los dos al otro, escrita a mano y larga: no una tarjeta, una carta de verdad. Lo que se pensó el día de la boda y no se dijo, lo que ha cambiado, lo que se agradece. Cuesta cero y es lo más difícil de la lista, porque exige una tarde entera y ser sincero. Si escribir se hace cuesta arriba, grabarla con el móvil vale igual: ese material es el mismo que da forma al libro de la idea 3.
5 · La joya de plata, con la fecha por dentro
El símbolo del aniversario tiene sentido si se convierte en algo que se lleve: un anillo fino, unos gemelos, una pulsera, con la fecha de la boda grabada por dentro. La salvan de ser un regalo de catálogo el grabado y el acierto: si uno de los dos no lleva joyas, no va a empezar ahora. Para los hijos es cara para lo que se ve, salvo que sepan qué pieza.
6 · El fin de semana solos, con la casa a cargo de los hijos
Dos noches en un sitio tranquilo a menos de dos horas. Si lo regala uno de los dos, es la escapada de siempre. Si lo regalan los hijos, cambia por completo: el regalo no es el hotel, es quedarse con la casa, el perro y el hermano pequeño para que la pareja se vaya sin nada pendiente. Para hijos adolescentes o recién independizados, es la primera vez que demuestran que pueden hacerse cargo de algo.
7 · La fiesta pequeña con los amigos de la boda
Una comida con quienes estuvieron en la boda y se han ido perdiendo de vista: los padrinos, los amigos del piso de estudiantes, los primos de la otra rama. El trabajo es el regalo: conseguir los teléfonos, cuadrar una fecha y que aparezcan. Cuesta un menú por cabeza, y si cada invitado paga el suyo, casi nada. Son las mismas voces que hacen falta para el libro de la idea 3 o el vídeo de la idea 8.
8 · El vídeo con las fotos y los mensajes
Las fotos de esos veinticinco años ordenadas por épocas, con la música de la boda y unos segundos grabados por cada amigo que se pueda localizar. Lo montan los hijos en una tarde y se pone el día de la celebración. Emociona. Su límite es conocido: se ve ese día, se comparte por el grupo y en un año nadie sabe en qué móvil está. Es el regalo adecuado cuando no hay dinero y sí ganas.
9 · El día en que los hijos se encargan de todo
Sin comprar nada: el día del aniversario, los hijos cocinan, ponen la mesa como en un restaurante, sirven, recogen y dejan a la pareja sentada de principio a fin. Para hijos de quince o dieciocho años con poco en el bolsillo es la idea que mejor encaja, y muchas parejas la recuerdan mejor que regalos que costaron cien veces más. Con un menú pensado y la canción de la boda al final, acaba siendo uno de esos días que se cuentan en cada sobremesa.
10 · El objeto de plata que se usa
El marco, la bandeja, las copas, el joyero. Es el regalo clásico de bodas de plata y tiene un problema conocido: acaba en la vitrina. Funciona solo si es algo que se vaya a usar cada semana (el marco con la foto de la idea 2, por ejemplo) y lleva la fecha grabada. Si nadie sabe qué objeto sería, otra idea encaja mejor.
Si lo regalan los hijos
Repartir el coste. La regla que menos discusiones da no es a partes iguales, sino a partes posibles: quien trabaja pone más, quien estudia pone lo que puede, y todos ponen trabajo. Con tres hermanos y un libro de 149 €, un reparto habitual es 80, 35 y 35. Otra fórmula: uno adelanta y el resto se lo devuelve en los meses siguientes. Y si no hay dinero, las ideas 8 y 9 no lo necesitan.
Mantener la sorpresa. Grupo de mensajes aparte, sin los padres, con un nombre que no delate nada. Los teléfonos de los amigos de la boda se piden a un tío o a la madrina, que suelen tenerlos y suelen callar. Cuidado con lo compartido: el correo de la familia, la tablet de todos y el paquete que llega un martes por la mañana (el libro se puede enviar a casa de un hermano o de un amigo). Y contad con margen: para las ideas 3 y 7 hace falta un mes y medio desde que empezáis a mover teléfonos.
Para decidir
Hay una pregunta que ordena la lista: ¿de qué se va a acordar la pareja en el aniversario siguiente? Del hotel, de la cena y de la fiesta se acordará con cariño. Lo que se puede volver a coger y mirar es más corto: la foto repetida, la carta y el libro. Si sobran ganas y falta dinero, el día en que os encargáis de todo y el vídeo cubren de sobra. Si podéis juntar algo entre varios y queréis que en las bodas de oro siga en la estantería, el libro es el que envejece mejor. Y si dudáis entre dos ideas, combinadlas: una para el día y otra para después.